Pese a inversión millonaria “Jóvenes Construyendo el Futuro” no logra inserción sostenida en el empleo formal
Durante años, el gobierno federal ha apostado por Jóvenes Construyendo el Futuro como su principal estrategia para reducir el número de jóvenes que no estudian ni trabajan en México. Sin embargo, al llegar a 2026, los resultados muestran que el problema persiste, pese al incremento en el monto de la beca y a una inversión pública multimillonaria sostenida desde 2019.
De acuerdo con reportes de El Economista, el programa ha logrado incorporar a millones de jóvenes como aprendices, pero enfrenta un problema estructural: la capacitación no siempre se traduce en empleos formales una vez concluido el apoyo. La falta de plazas laborales y la elevada informalidad han limitado su impacto en la reducción real de la inactividad juvenil.
Las cifras oficiales confirman la magnitud del desafío. Según el INEGI, al cierre de 2025 México contaba con 30.4 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años, de los cuales 14.5 millones, casi el 48 por ciento, formaban parte de la Población No Económicamente Activa. Aunque no todos son considerados “ninis”, el dato refleja una brecha que el programa no ha logrado cerrar.
La tasa NEET, utilizada por la OCDE para medir a quienes no estudian ni trabajan, se mantiene estancada alrededor del 18.9 por ciento, a pesar de que más de 3.3 millones de jóvenes han pasado por Jóvenes Construyendo el Futuro. Esto sugiere que el mercado laboral no ha sido capaz de absorber a esta población al ritmo necesario, incluso con el apoyo gubernamental.
Además, el alcance del programa se ha reducido con el paso del tiempo. En 2024, el número de beneficiarios cayó a poco más de 213 mil jóvenes, y aunque en 2025 hubo un repunte, el presupuesto, ajustado por inflación, fue inferior al de los primeros años. La política pública se mantiene, pero con menor capacidad de incidencia real.
El problema no es exclusivo de México, pero sí se agrava por la alta informalidad laboral. Datos internacionales señalan que uno de cada cuatro jóvenes en el mundo no estudia ni trabaja, y en el caso mexicano, más del 67 por ciento de los jóvenes ocupados lo hace sin prestaciones ni estabilidad. Así, el reto va más allá del aumento de la beca: convertir los apoyos en empleos formales y oportunidades sostenibles sigue siendo la deuda pendiente de la política juvenil.